Curiosa reflexión, ¿verdad?
Sin embargo, recuerdo la cantidad de veces que situaciones como esta han sido un problema, ya que mi idea al comprar una computadora portátil siempre ha sido la de tenerla a la mano la mayor parte del tiempo y utilizarla donde sea y cuando me dé la gana.
Entonces, ¿por qué nunca falta el que pide lo que sabe que no debe pedir? Ya que no es lo mismo pedir prestado un artículo personal en un caso de excepción, que tomarlo como costumbre al grado de decir: "¡Ah!, y por favor me anotas la contraseña". Claro, y con mi contraseña, te doy acceso, no solamente al uso del aparato, sino a toda mi información personal, al menos que tenga una clave distinta en cada una de mis cuentas y, en todas ellas, deshabilite la famosa opción de conservar los datos de ingreso, tal como los administradores de varios sitios recomiendan para el uso de "equipos compartidos"...
Lo anterior haría suponer, que el que necesita la computadora de otro, debe manejarse con suma discreción, y por ningún motivo tomarse la libertad de revisar datos que no le corresponden, pero los pedilones, desde luego que es lo primero que hacen, y después hasta te lo dicen en tu cara y te preguntan sobre lo que vieron o leyeron, como si fuera de dominio público.
Pero, ¿no la dichosa laptop es un artículo personal? ¿O acaso le pedirías a alguien que te prestara su rasuradora desechable o su cepillo de dientes? Y ya ni qué decir de los que te piden tu automóvil. Una vez más, me parece comprensible en un caso excepcional, y por supuesto, cuando se trata de una emergencia, pero no para compartir el mentado automotor de manera permanente, ya que para mí, mi auto es también un lugar en el que me tomo la libertad de guardar, o simplemente de dejar por mera comodidad, algunos de mis efectos de uso individual, ya sea un tarjetero, una chequera o mis plumas y cuadernos, por ser objetos que utilizo en diferentes lugares a los que voy.
Por eso, vuelvo a la pregunta, ¿por qué piden lo que saben que no se debe pedir? La laptop, el auto, la cámara digital... Amigos, son objetos tan personales como el cepillo de dientes o como un calzoncillo usado; por favor, aprendamos a no poner a los demás en la situación de sentirse comprometidos a decir que sí cuando en realidad, y a veces hasta sin saber claramente por qué, desearían decir que no.
miércoles, 14 de septiembre de 2011
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